Documento sin título

Cataluña, la cuestión social y la diatriba independentista

Liderazgo político en Cataluña
17. 07. 14
Visto: 473

Durante muchísimas décadas y generaciones la cuestión catalana ha sido un asunto del que nadie en España ha estado al margen, pero el hecho de que, tal vez, en la actualidad el 50% de la sociedad catalana apoye el independentismo y la trascendencia en sí de dicha situación, debe de ser ligada a la emergencia social de los últimos años, cuando los catalanes se ven inmersos en la crisis global del 2008.

Por Andrés Cascio Pirri
Psicólogo Social
Profesor del Instituto de Formación Continua – IL3 Universidad de Barcelona
Director del Máster en Liderazgo Político

Dentro del mismo movimiento que se ha conformado para impulsar la desconexión del Estado español, conviven el soberanismo y el independentismo, siendo su primera característica una misma deriva creciente hacia la supuesta independencia.

Los primeros son favorables a una soberanía de nacionalidad libre pero asociada al conjunto de identidades de España y, tal vez, ibéricas (que han vivido la transición bajo el liderazgo de Jordi Pujol). Los segundos, aprovechando la brecha abierta por la crisis económica, la política de asfixia, el patrioterismo y la obstinación del Partido Popular (sumado a la debilidad del liderazgo del sucesor del pujolismo, Artur Mas), se lanzaron en una huida hacia adelante, iniciando un proceso de separación del actual ordenamiento jurídico. Apuntándose al nacionalismo endogámico, rupturista con la interdependencia y con la fraternidad entre los pueblos que han compartido, con mejor o peor fortuna, el mismo destino desde hace más de cinco siglos.

El comienzo de la diatriba independentista hay que buscarlo en el año 2003, con la elaboración de un nuevo Estatuto para Cataluña. El estatuto Maragall, que  fue aprobado por el 88,9 % del pleno en el año 2005 por el Parlament de Cataluña, fue casi un gran consenso. Un año después el Estatut es aprobado por el Congreso de los Diputados y por el Senado, entrando en vigor en agosto de ese mismo año tras ser sometido a referéndum.

Pero el Partido Popular no acepta la decisión democrática y presenta un recurso ante el Tribunal Constitucional, que claramente obedece a sus intereses. Este organismo, cuatro años después, publica una sentencia anulando catorce artículos, reinterpretando otros veintiséis y dejando sin validez jurídica el Preámbulo del mismo.

Para muchos ciudadanos/as catalanes la sentencia quebró el orden democrático, la vía estatutaria quedaba cerrada y dejaba sin valor alguno la legislación adoptada libremente por los representantes del pueblo español.

Si a todo ello le agregamos que muchos de sus artículos sí fueron aceptados en otros estatutos autonómicos, la afrenta dejaba traslucir una catalanofobia enarbolada por el conservadurismo español que, a su vez, conduciría a alimentar un independentismo catalán y excluyente.

No es que el Estatuto del 2006 fuera técnicamente una “maravilla jurídica”, según expresan algunos académicos entendidos en la materia, pero el cercenamiento del mismo constituía una aberración democrática. Se puede estar en contra o a favor, pero cuando la decisión soberana de los representantes del pueblo es vilipendiada, no es de extrañar que comience una inflamación ciudadana.

En el año 2008 se desencadena una crisis sin precedentes, que todos conocemos y que lógicamente afecta severamente a Cataluña. Los gobiernos convergentes siguen la pauta del mandato de los conservadores en toda Europa y comienza el “austericidio”, Artur Mas es su valedor.

Éste instaura un proceso caracterizado por una malísima gestión de los servicios públicos, en especial la salud y la educación. Ello unido a un liderazgo débil, comparativamente con el de su antecesor y fundador de Convergencia Democrática de Cataluña. Terminaría inclinando su política hacia el separatismo, mediante una estrategia de huida hacia adelante; con proclamas incendiarias que achacan todos los males al enemigo “español”. Y así, entre otros movimientos, intenta reclamar para Cataluña el mismo trato fiscal que tiene el País Vasco (un cupo que había sido rechazado por el padre político del catalanismo soberanista, Jordi Pujol, durante los comienzos de la transición).  Ante la negativa del Gobierno central de acceder a dicha demanda, se incentiva aún más el fuego que ya había comenzado a desatarse.

Por consiguiente, con una crisis económica y social de gran envergadura, con un liderazgo poco destacable en la gestión social, el terreno había sido abonado para desencadenar una lucha en favor de un proceso independentista que se presentó ante la ciudadanía como un voto de rechazo a las políticas conservadoras del Partido Popular, al "austericidio" y al declive imparable del desarrollo catalán. El proceso estaba en marcha.

A la castigada sociedad catalana solo le faltaba que saltara a las ondas el mayor escándalo de corrupción política vivido en Cataluña, el caso Jordi Pujol y familia. Pero que en realidad comienza hace muchos años, con el denominado Caso Banca Catalana, cuando el Muy Honorable President se defendía acusando a “Madrid” de urdir una patraña contra el pueblo catalán, ensuciando el nombre sacrosanto de un hombre de Estado como era él, el gran Pujol.

Estos hechos terminaron pasando el testigo del proceso independentista a una coalición, más bien un movimiento que aglutina a miembros de distintas corrientes e intereses diversos, que de algún modo lidera Esquerra Republicana después del hundimiento (de los precursores del malestar incendiario: Convergencia, el pujolismo y Artur Mas, que han colocado a Cataluña en el trampantojo del advenimiento de un nuevo Estado fuera de España).

Y todo esto sucede mientras en el mundo parece observarse el auge de los nacionalismos de distinto signo, que pueden simbolizarse en la llegada de Donald Trump, la fortaleza de Putin, el crecimiento electoral de Marine Le Pen, el boato imperial de Emanuel Macrón o el populismo neoperonista de Nicolás Maduro, entre otros. Vemos un excelente caldo de cultivo de la crisis sistémica global que pone en duda el rumbo de la humanidad ante los nuevos paradigmas.

0
0
0
s2sdefault
powered by social2s