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Una introducción estival al concepto de "liderazgo político"

Liderazgo Político Enrique Tierno
17. 08. 28
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Con motivo de la presentación este próximo otoño de un Master sobre Liderazgo Político, me indicaron la oportunidad de escribir este verano unas líneas introductorias sobre la materia del curso, que fuera un artículo de carácter genérico y sin entrar en disquisiciones académicas. Cierto es que escribir sobre "liderazgo" o, peor aún, sobre "liderazgo político", en el caso español y en los desolados comienzos de un madrileño mes de agosto no deja de ser paradójico;  ahora bien, si nos fijamos en el lado positivo, esta ausencia veraniega de liderazgos dignos de ser mencionados siempre ayudará a la hora de reflexionar sobre tan difuso ideal, fomentando el despertar de sanas ambiciones y ansias de protagonismo político, pretensiones ambas que no tienen por qué despertar sospechas en el seno de una democracia consolidada.

Dr. Enrique Tierno Perez Relaño
Profesor del Master en Liderazgo Político de la Universidad de Barcelona
Presidente de la Fundación Enrique Tierno Galván

Reflexionemos pues. El término "liderazgo político" ('political leadership', 'politische Führung', 'leadership politique'…) es un concepto socialmente normativo que se incorpora al vocabulario político habitual, al mainstream de nuestros días, a partir de los trabajos de James M. Burns (1918-2014), allá por los años '70 del s. XX, en concreto gracias a su best-seller "Leadership" (1978), N. Y. Harper and Collins. Ahora bien, si nos remontamos a la filosofía occidental clásica, encontraremos al liderazgo en la "República" de Platón, consideraciones sobre lo político en la "Politika" y "Ethika Nikomacheia" de Aristóteles o a grandes líderes políticos en las "Vidas Paralelas" de Plutarco.

Dejemos para otro momento el análisis de cómo ha evolucionado el liderazgo hasta nuestros días (y con él, el liderazgo político), para situarnos en una actualidad que vuelve a echar de menos la falta de grandes personalidades políticas; en otras palabras, hasta que ha regresado la moda de personalizar la política. ¿Los motivos? Una primera aproximación al trend nos hace sospechar de la difusión política, individualizada e inmediata, que hoy permiten las plataformas de comunicación. También puede considerarse como una búsqueda del liderazgo competente, reflejo del cansancio y descontento con el que están viviendo la política los ciudadanos de las democracias occidentales. En todo caso a ambos factores les sirve de trasfondo coercitivo una complejidad cada vez mayor de los planteamientos políticos, debida por una parte a la globalización económica mundial y, por otra, a las contradicciones socio-económicas internas que están manifestándose en los grandes bloques hegemónicos (p. ej., la Unión Europea).

Todo ello está dando lugar a la tendencia de centrar la praxis del poder político en personajes concretos, en líderes políticos más allá de los Gobiernos, lo que resulta un tanto alarmante. Y tanto en el habla corriente como en los medios de comunicación, al deseado liderazgo político (individual y exitoso) se le asocian una larga serie de connotaciones positivas: la sintonía con los problemas ciudadanos, la inteligencia, la capacidad de mando, un ejercicio ponderado del poder, sociabilidad, tenacidad y voluntad de ejecución…

En los últimos tiempos gran parte de la ciudadanía contrasta estas virtudes clásicas del liderazgo con el comportamiento (negativo) de una "casta política", ambiguo término de intención táctica (=> evitar la utilización del comprometedor concepto de "clase"), una designación que en la práctica abarca por igual a oligarcas económicos y partidos políticos, considerados todos como poderes sociales fácticos y depredadores, ajenos a las necesidades ciudadanas.

El intentar acotar en el contexto sociopolítico actual el concepto de liderazgo político, nos exige una primera definición o -como mínimo- descripción, cosa harto complicada dada la interdisciplinariedad del término pues en el inciden sociología, economía, dirección, psicología o neurociencia. Lógicamente, las definiciones y con ellas la clasificación de características y formas de ejercer el liderazgo son múltiples y la bibliografía, extensísima. Aunque a todas luces insuficiente, una primera descripción operativa del liderazgo político se obtiene al desglosar por un lado la política como el proceso de tomar decisiones vinculantes aplicadas a un grupo humano y por otro, al liderazgo como una capacidad, como una aptitud llevada a la práctica social, mediante la cual una persona o un grupo de personas guían, dirigen a otros colectivos ya estén organizados o no.

En nuestro caso demos por adecuado (de momento) el alcance de esta descripción y centrémonos en dibujar una perspectiva general de los principales modelos teóricos acerca del liderazgo. Para ello vamos a utilizar una variante de la clásica representación gráfica debida a Grint, K. (1997), que nos proporcionará  un desglose heurístico un tanto elemental pero útil para obtener una imagen intuitiva del liderazgo y con ella, del liderazgo político.

Introduzcamos dos hipótesis simplificadoras:

A/ En primer lugar, establecer una diferencia entre la importancia que se le pueda dar al dirigente (persona o grupo), contrapuesta a la situación socioeconómica en la que actúe. En lo que sigue destacaremos el liderazgo unipersonal.

B/ Además, habremos de tener en cuenta hasta qué punto es factible distinguir entre lo percibido y lo realmente ocurrido durante el liderazgo. Para ello tendremos que establecer una clara diferencia entre las diversos rasgos que caractericen al liderato y el detalle de las situaciones (=> variables objetivas) en las que se deban tomar decisiones. Bajo este criterio estableceremos a) apreciaciones subjetivas o b) datos objetivos, verificables.

En función de ambas hipótesis vamos a construir dos ejes de referencia:

- Referidos al primer eje (OY), escalonado de mayor (en el origen) a menor objetividad, estarán los individuos y el nivel de objetividad con que se pueden comprobar sus características.

- En el segundo eje (OX) tendremos a las situaciones en que se encuentren y también su índice de objetividad (de mayor a menor).

Entre los cuatro puntos referenciales de la Fig. 1 y sus superposiciones encontraremos recogidos casi todos los modelos teóricos actuales del liderazgo. Sin detenernos en las múltiples combinaciones posibles, vamos a interpretar las cuatro referencias básicas:

Teorías atributivas: también llamadas teorías de rasgos, se centran en el liderazgo individualizado, en el líder, asumiendo que es posible identificarle y explicarle mediante las diversas características que se necesitan para desempeñar esta función. Según esto, en un líder los rasgos son esenciales y un líder lo será en cualesquiera circunstancias.

Teorías situacionales: afirman que a las situaciones específicas que exigen un liderazgo, corresponden pautas específicas de comportamiento. Encontramos  que en ellas tienen tanta importancia las características de la persona que ejerza el liderazgo, como las variables (=> objetivas, verificables) que delimiten las diversas situaciones en que puedan encontrarse involucradas.

Teorías contingentes: también llamadas circunstanciales y que, de manera parcial, se superponen a las situacionales: a cada contexto (situación) que tenga lugar, le corresponderá un cierto tipo de liderazgo; en ellas tenemos una percepción dinámica de las situaciones, que exige un liderazgo adaptativo, adecuado a cada circunstancia. Observemos que disminuye radicalmente la subjetividad en la apreciación de las cualidades (rasgos) del líder.

Teorías constitutivas: rechazan la idea de que tanto el liderazgo como las situaciones en que acontece puedan tener características (atributos) objetivas. No admiten la verificabilidad de los contextos socio-históricos (y menos de los atributos personales): todo depende del marco interpretativo global en el que se realice el análisis. Como la película está de moda, traigo el ejemplo de Dunkerke: ¿ésta famosa retirada fue una humillación, un fracaso, una clara muestra de incompetencia por parte del ejército británico o acaso, por el contrario, un milagro debido al correoso carácter inglés ante situaciones extremas, hábilmente exaltado por el premier Churchill?

Baste con este breve esbozo del liderazgo como preliminar veraniego. Dejo al amable lector o lectora ante el dilema de situar a Mr. Trump, actual presidente de los Estados Unidos, dentro de la Fig. 1… prolongando -mucho- el eje OY, claro.

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