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EL TRAMPANTOJO DE LAS FUERZAS POLÍTICAS INDEPENDENTISTAS EN CATALUÑA

18. 05. 11
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JxC + ERC+ CUP, mantienen el 155.

Dr. Andrés Cascio
Psicólogo Social
Director del Máster en Liderazgo y Comunicación Política
de la Universidad de Barcelona

205 años después de la constitución liberal de 1812, que abrió las puertas de la libertad y la justicia en los dos continentes de uno y otro lado del Atlántico, el independentismo catalán mantiene en vigencia la intervención del Estado al amparo del art. 155 de la Constitución Española. Como si hubiese un clamor que pide volver al modelo territorial de estados vigentes en la llamada Edad Media, ahora bajo el paraguas de un republicanismo, que frente a los escenarios impuestos por la globalización, resultan débiles y escasamente operativos.

El próximo 21 de mayo se cumplen cinco meses de las últimas elecciones llevadas a cabo en Cataluña, que arrojaron un resultado que en número totales de escaño dio la victoria a la derecha con 74 escaños, bajo el punto de vista de independentistas Vs. Constitucionalistas; partidarios éstos últimos de la permanencia en España. Esos últimos, ganaron en números absolutos de votos,  pero en número de escaños y gracias a una injusta ley electoral, ganaron las fuerzas independentistas, que en medio de una incruenta y en alguna medida fraternal lucha interna, han mantenido a la administración catalana intervenida por el gobierno central del Estado y al amparo del artículo 155 de la Constitución. Este es el endiablado resultado que pone de manifiesto la fractura de la sociedad catalana.

Con un sinfín de artimañas, argucias y trampantojos, retrasan la formación de un Gobierno, para que, ante la imagen y el relato generalizado, quede expuesto el Estado español como intervencionista y castrador de las aspiraciones de una escasa mitad de los catalanes, quedando así la otra parte como víctimas de una opresión jurídica que impide la voluntad popular.

Maestros del relato y la puesta en escena, poco a poco convierten los hechos en una pantomima, que cansa a muchos y alimenta el ego patriótico de bastantes.

Ahora, alcanzado el límite que les otorga la legislación, podrán llegar a formar un Gobierno débil en su estructura, ciertamente mórbido en la eficiencia que se espera y con un liderazgo político oculto tras el espejo y esto se podrá llevar a cabo o bien designando a un polichinela graciosamente conducido por un presidente artista en el manejo de hilos y varillas desde lejanos sitios.

El nimio presidente en el exilio reclama el trono legítimo que le corresponde, ¿pero acaso sus partidarios y el mismo no aceptaron la convocatoria electoral, de acuerdo con las reglas y a la legislación española? Y el Parlament aún no ha tenido ocasión de investir a un nuevo presidente del ejecutivo, legitimo es por tanto el que los diputados le otorguen la confianza y consecuentemente el poder.

El bloqueo al funcionamiento parlamentario no es otra cosa que una dilación, mantenida de exprofeso, para alimentar la acritud social y explotar el victimismo.

Sin duda, algunos de los políticos independentistas hicieron frente valientemente a la justicia, sin embargo, el ex-president optó por la fuga y mientras los demás aceptaron la legislación y sus consecuencias, él se decidió por la insubordinación basada en el juego político del ilusionismo.

Este juego, que trabaja la comunicación emocional y busca enraizar en la zona límbica del cerebro de los seguidores, corre el riesgo de chocar frontalmente con el discernimiento racional.

La razón, si bien es cierto que en ocasiones no es capaz de entender algunos razonamientos emanados de algunos pensamientos en alguna medida dogmáticos; la razón puede terminar por imponer una realidad desagradable que haga aflorar la frustración colectiva.

Producto de la psico-socio-etno-patología, la frustración colectiva sólo puede acarrear agresividad, regresión, fijaciones anormales, intolerancia, etc.; en resumen, una bomba emocional que suele estar acompañada de desagradables vivencias.

Es verdad que no tienen ningún asidero las ocurrencias políticas del Gobierno del Estado, influyendo e induciendo a la invasión de las competencias del poder judicial, pudriendo así sus raíces democráticas; haciendo utilizar la prisión preventiva para aquellos que desde la libertad de pensamiento intentaron difundir y asentar su opinión e ideología y mientras tanto, aquellos que han corrompido las esencias de la democracia y algunos dirigentes, funcionarios y representantes del pueblo se muestran ostentosamente libres.

Mientras en el seno de la familia real aparece gangrenado uno de sus miembros, que con toda impudicia y falta de ética denigró a todos los ciudadanos y se pasea libre por Barcelona y Ginebra; mientras en el trasfondo honesto de la presidenta de la Comunidad de Madrid, aparecen deslustrados unos estudios tal vez robados y mientras Lezo, Gürtel, Fabra, Taula, Formula 1, Brugal, Emarsa, Terra Mítica, Noos, Acuamed, Palma Arena, Palau de la Música, Pujol, Malaya, Eres, y muchos otros, irrumpen en la escena política, la ausencia de medidas políticas, el encubrimiento tunado, la falta de habilidades de negociación con Cataluña, son tristemente evidentes.

Mientras el desafío de las fuerzas políticas independentistas se extiende y los grupos parlamentarios afines son convocados en Bruselas y ahora en Berlín, surge otra intrigante pregunta, ¿Quién está pagando esta fiesta, supuestamente democrática? ¿De qué arcas brota el dinero que sostiene la lucha por la independencia? Porque si aquellos que no están de acuerdo con formar parte de España mientras tanto ocupan escaños en la Carrera de San Jerónimo en Madrid y juegan a la política de Estado,  ¿cabe suponer que, desde los fondos públicos, se podría estar pagando algunas acciones políticas rupturistas que desde otras instancias se están persiguiendo?

El 21 de marzo aparecía un artículo en el Diario La Vanguardia “Es cierto que el movimiento independentista en buena parte ha ido creciendo por la incompetencia y poca sensibilidad del Gobierno, pero no es menos cierto que la clase política catalana ha engañado a sus ciudadanos.” Una Feria del Disparate, sentenciaba Joan Manel Serrat.

En el horizonte podría existir no solo un atisbo de solución negociada, sino que en los albores de esta nueva era post-contemporánea, hoy más que nunca los continentalismos, enunciados por los no alineados en la mitad del siglo pasado, se abren paso como la única solución a las flaquezas que se encuentran en su seno.

Es por ello por lo que en este capítulo la respuesta ha de encontrarse en la comunidad ibérica de naciones y/o regiones, para integrase posteriormente en una Europa construida por las regiones que la integran y donde desaparezcan los estados que hoy dominan la escena política.

Hoy es el momento de superar la herencia medievalista y a los estados surgidos después de la primera revolución industrial y aquellos que caprichosamente se crearon después de la Gran Guerra de 1914-1918. El mundo debe superar los esquemas del pasado y dar paso a nuevas sociedades basadas en el equilibrio de la economía, bajo la tutela de una justicia social y en el marco de una soberanía compartida a nivel continental.  

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