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COMUNICACIÓN POLÍTICA: ALGUNAS CLAVES

18. 02. 20
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En nuestro modelo sociopolítico, aquel que tiende a imponerse en la organización política entendida también como maquinaria electoral, la figura del líder comparte protagonismo con el equipo de comunicación.

Un gabinete de comunicación es una unión de esfuerzos y tecnologías que necesita pensar y actuar rápido. Entregar información depurada y decodificada a la cabeza visible de la organización en un momento crítico puede ser la diferencia entre sobrevivir o no políticamente. Cuando los ciudadanos, la prensa o las redes sociales preguntan, lo conveniente es darles una respuesta coherente en el menor tiempo posible.

Líder y equipo de comunicación tienen los primeros y últimos contactos del día

El carisma e imagen de un líder siempre ha sido fundamental, pero han pasado los tiempos en que un quijotesco luchador libra en solitario todas las batallas durante la defensa de un proyecto común. Un líder político puede estar extraordinariamente preparado, pero si tiene la ocurrencia de salir ante la prensa y publicar sin cuidado en sus perfiles en redes sociales, sin antes hablar con sus responsables de comunicación, puede estar seguro de caminar sobre tierras movedizas.

Existen amplísimas y disímiles opiniones sobre qué cobra mayor importancia en la dialéctica que se genera entre organización política y el gran público: el líder y toda su dimensión simbólica plasmada en su proyecto o la estrategia de comunicación.

Lo que parece indiscutible es que la responsabilidad del éxito gravita entre un área y la otra.  

Ganar la batalla electoral… algunas claves

Varios estudios en la materia coinciden en que una buena estrategia de comunicación política, enfocada a salir victoriosos de contiendas electorales, es un trazado de varios años.

Un proceso largo en donde la pizarra colgada en la pared más larga del gabinete de comunicación da testimonio del trabajo sobre una sola ecuación del mundo del liderazgo y la comunicación política, y cuyas variables más importantes son:

Uno. Debemos asegurarnos de ser nosotros, nuestro mensaje, el que marca el ritmo del cruce de argumentaciones. Un buen líder político para estos tiempos de incertidumbre debe vivir en el 21 de febrero, si los calendarios normales marcan el 20. Para lograr esto, debe ser nuestro equipo quien aparezca primero en las fuentes de información como vertebrador de encuentros, eventos y prácticas comunicativas que pretendan hablar antes que nadie de las preocupaciones ciudadanas. Si nuestra estrategia parte de contestar a las palabras del oponente, iremos en la cola y serán otros quienes decidan el ritmo.

Dos. El mensaje central de la estrategia es una vital y sofisticada obra de ingeniería. Es decir, el equipo debe tomarse todo el tiempo necesario para investigar, proyectar y perfilar el mensaje básico que el líder de la organización lanzará a la opinión, aquel que se identificará con solo un vistazo y simbolizará todo su proyecto.
Fácil, simple, fuerte, arriesgado… el flechazo al estado de ánimo del hombre y mujer agotados de palabras superfluas y sin sentido.

Tres. Jamás son suficientes los medios para difundir y extender ese mensaje central. Nunca, por ejemplo, como ahora ha cobrado tanta vigencia el hecho de ser una especie de aprendizaje visual. Todo lo que nos interese hacer llegar a la sociedad debe tener una versión en vídeo. Ahora bien, se trata de un formato con sus propias exigencias: demanda estructuración, claridad y brevedad, con buena producción, atractivo y con algunos destellos tecnológicos que no entren en conflicto con la cercanía y sentido humanista del mensaje original.

Cuatro. Los nuevos formatos, como las redes sociales, no hacen que pierda su importancia la publicación de una buena entrevista. Conceder y preparar con mucho tiempo entrevistas para medios grandes y pequeños es tan necesario como cuidar el mensaje breve y directo en cualquier plataforma. Se trata de un entrenamiento en la argumentación y la dialéctica del lenguaje que, por supuesto, proporciona una buena formación.

Cinco. Un gabinete de comunicación serio no pierde el tiempo en generar o mantener conflictos con la prensa… una de sus principales aliadas. Un tratamiento meticuloso y delicado a los trabajadores y representantes de la prensa, sin excepciones ideológicas, se traducirá en oportunidades que podrían salvar la situación en un momento dado.

Y seis, la más importante. Si un líder político y su núcleo organizativo deciden participar en el juego impuesto por las urnas, han de reflexionar si piensan salir para observar (casi desde la barrera)… o para ganar.

Si la respuesta es luchar para ganar con las herramientas que, de una u otra forma, valida la fórmula democrática, la mejor estrategia es formar a nivel superior a los cuadros estratégicos del equipo.

Formarse, en efecto, en liderazgo y comunicación política. Por ejemplo, en uno de los mejores programas en el área de los existentes entre las universidades españolas: el Máster en Liderazgo y Comunicación Política de la Universitat de Barcelona, una formación superior para adquirir herramientas de victoria en la arena política de nuestro tiempo.

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